viernes, 31 de julio de 2009

vidas



todo el mundo tiene tres vidas:

una vida pública, una vida privada y una vida secreta

Gabriel García Márquez

Fotografía y muerte






Real como la vida misma... A finales del siglo XIX y principios del XX los fallecidos eran retratados como personas vivas, en pose de dormir y vestidos con su mejor traje para que sus parientes pudieran recordarlos como en vida. Teniendo en cuenta las tasas de mortalidad de entonces, sobre todo infantil, el oficio de fotógrafo post-morten debía ser un chollo...

No se trataba de algo macabro o morboso que podríamos pensar actualmente... Las de los niños, desde luego, dan grima... eso de verlos puestos en sus cunitas o sus carritos, con sus muñecos... como si estuviesen dormiditos... qué bonitas y curiosas costumbres adquirimos los seres humanos... y qué absurda relación tenemos con la muerte en la mayoría de las sociedades "modernas" actuales... tan poco natural... con tanto prejuicio...




¿La ficción?

Tanatografía: método con el cual se puede tomar de la retina de un cadaver la última imagen que ha visto.

La realidad: hubo quien -y no fueron ni uno ni dos- hizo experimentos de este tipo... por ejemplo, la optografía.

"Imago Mortis", de Stefano Bessoni, 2008. No es la primera película que ha tratado el tema, tal cual.
Siglo XVII. Antes de inventarse la fotografía, un científico llamado Girolamo Fumagalli estaba obsesionado con la idea de reproducir imágenes. Descubre-crea el Tanatoscopio, máquina con la cual, asesinando a una víctima y quitándole sus ojos inmediatamente, es posible reproducir en un papel la última imagen impresa en las retinas, la imagen de la misma muerte incluso. Esa técnica obtuvo el nombre de 'tanatografía' y en la actualidad, ese terrible ritual comienza a producirse en el interior de una escuela internacional de cine.


"Cuatro moscas sobre el terciopelo gris", la tercera película de Dario Argento, de 1971, que cierra su trilogía "Animales".
Un joven músico comienza a recibir extrañas llamadas teléfonicas y es seguido por un hombre. Una noche trata de hablar con su perseguidor y en la confusión que surge, lo apuñala sin pretenderlo. A pesar de escapar de la escena del crimen, el músico recibe unas fotografías del momento del asesinato. Poco después sus amigos comienzan a morir uno por uno, pasando a ser él mismo el principal sospechoso... Un rasgo interesante de la película es el método por el cuál se puede obtener del ojo de un cadáver, la última imagen grabada en su retina.


Para saber algo más, los 2 vídeos de Cuarto Milenio (con Javier Sierra como invitado... arfff arrfff arrfff), que con motivo del estreno de Imago Mortis, trató el tema hace un mes. Personalmente, la peli la veré cuando la pongan en el Plus, o en DVD... o de internet si hay algo con calidad, que las películas oscuras no suelen verse bien... que voy a pasar una temporada sin poder ir al cine.








jueves, 30 de julio de 2009

Luto otra vez


La explosión de una bomba-lapa adherida a los bajos de un vehículo con distintivos de la Guardia Civil ha causado la muerte de dos agentes de la Guardia Civil a las 13.50 h. de la tarde de hoy, justo en el cambio de turno al parecer.
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¿ETA otra vez? Pregunta estúpida ¿verdad?... claro cabe la duda ya que esos, los de ETA, son los que se llaman así mismos pacíficos... esos, los de ETA, son los que se preguntan qué pintan niños ahí, cuando matan a hijos de guardias civiles en una Casa-cuartel... -que webos tienen, sí, gordos como melones y de amianto-
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¿Y dónde está la seguridad?
¿Se ha relajado o no hay/no se ponen/no se les da medios suficientes?
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En la Moncloa o en el palacio de Marivent fijo que no hay bombas porque no las pueden llegar a poner...

Venenosa?

Bébeme...
no soy venenosa
y aunque lo fuese...
estoy segura de que
no querrías el antídoto.



Música: Space Dementia, por Muse

miércoles, 29 de julio de 2009

HIJOPUTECES

Madrid, 29 jul (EFE).- La furgoneta-bomba que ha estallado esta madrugada junto a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Burgos, estaba cargada con al menos 200 kilos de explosivo, probablemente amonitol, han informado a EFE fuentes de la investigación, que no descartan que la cantidad pueda ser aún mayor.
No voy a decir nada... porque sólo me salen improperios...

Soy un putón


claro, es que según el baremo de este caballero:

no tengo (ni he tenido en realidad) pareja estable-novio-churri-cariñito-cielín y no soy virgen... y para colmo, llevo 9 tatuajes ¡y piercing! soy un indecente super mega hiper putón!!!!!!

ah no, que no soy rapera ni heavy... (la pera sí lo soy). Por cierto, ¿para cuándo el día del orgullo virgen?

A éste le falta decir eso de "y si la pego es porque se lo merece y de vez en cuando les viene bien para recordar cuál es su sitio"...

No me des tregua


No me des tregua,
no me perdones nunca.

Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea tú que vuelves.

No me dejes dormir,
no me des paz!

Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.

No me pierdas como una música fácil,
no seas caricia ni guante;
tálame como un sílex,
desespérame.

Julio Cortázar

martes, 28 de julio de 2009

20 Blogs

Premios 20Blogs para usuario
27 jul (hace 2 días)


Hola Srta.Marta,
Nos ponemos de nuevo en contacto contigo para informarte sobre la marcha de nuestro concurso de bitácoras, los Premios 20Blogs 2009. Han transcurrido 14 días desde el comienzo de las votaciones, que concluyen el próximo 17 de septiembre, y desde entonces tus blogs inscritos en el concurso han recibido los siguientes apoyos...

Posología: uno al día
Erótico - 84º puesto - 0 votos
Diseño - 625º puesto - 0 votos
Ocupa el 2522º puesto en la clasificación general

Utópica Ataraxia
Personal - 303º puesto - 0 votos
Diseño - 147º puesto - 1 voto
Ocupa el 2522º puesto en la clasificación general

Lecturas cortas

Cuando el autobús colorado nº1 le embistió desplazándole varios metros hacia delante y dejándole empotrado al caer sobre un "renaul" modelo "tuingo", aparcado en doble fila, color morado y lleno de cagadas de paloma y mirlo, empezó a notar resbalar las gotas de lluvia mezcladas con su propia sangre por el rostro deformado por el atropello y el golpazo tras la caida.

Sólo pudo pensar, en un microsegundo antes de que su corazón se parase, antes de que su cerebro machacado dejase de funcionar, en su eterno afán de cumplir con la responsabilidad: "mierda, llueve y me he dejado la ropa tendida sin recoger".

Srta. Marta, 2009

lunes, 27 de julio de 2009

Lecturas cortas


Ahora sentía que todo podía cambiar, que había vuelto a meter la pata, a estropear algo más, como todo lo que tocaba... una especie de Rey Midas pero al revés.

Se arrepentía porque al fin y al cabo, no había necesidad de haberlo hecho, de vomitarlo, de dejarlo escapar... un asco...


Srta.Marta, 2009

domingo, 26 de julio de 2009

Cruel placidez


En mayo de 1947, Evelyn McHale, de 23 años, se tiro al vacío desde el mirador situado en la planta 86 del Empire State Building (Nueva York, EEUU) tras ser dejada por su novio. Fue a caer sobre el techo de una limusina que en aquel momento estaba vacía. Evelyn dejo una nota de suicidio en la que escribió:
“Él esta mucho mejor sin mi… Yo no seria una buena esposa para nadie”.
La mano izquierda de la chica, ya sin vida, parece acariciar su collar. Un estudiante de fotografía llamado Robert C. Wiles oyó el impacto, salio a la calle y tomo la instantánea que vemos. Esta fue publicada el 12 de mayo de 1947 en la portada de la revista norteamericana Life.
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Tomado de la red.
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Si se clica en la foto para verla algo más grande, se puede observar mejor el rostro de la chica, ese semblante de paz que parece estar durmiendo, no muerta... el gesto de la mano que parece juguetear con el collar... increible la belleza cruel de la imagen.
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morbo
Hace mucho tiempo que lo sé, pero utilizamos muy mal las palabras, al menos algunas... por ejemplo:
MORBO (segun la RAE):
1. m. enfermedad (‖ alteración de la salud).
2. m. Interés malsano por personas o cosas.
3. m. Atracción hacia acontecimientos desagradables.
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Y todos lo usamos alegremente refiriéndonos a que si "algo nos da morbo" es que "nos excita".

sábado, 25 de julio de 2009

Vientre


Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo es postrero
polvo sin mundo.

Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.

Miguel Hernández

viernes, 24 de julio de 2009

Me quedé esperando


las piezas siguen sin encajar

¿en realidad jamás encajaron y estaban forzadas?
Las forcé yo misma...

Me temo que sí...
¡Mierda!

Lamias (la vagina dentada)

A pesar de lo que puedan leer por ahí, las Lamias son de origen oriental y no latino; claro que son parte del folklore griego y romano pero su fuente es una leyenda Libia.

Lamia (en griego, Λάμια) es un personaje femenino de la mitología y el folclore grecolatinos, caracterizado como asustaniños y seductora terrible. En este último aspecto, constituye un antecedente de la vampiresa moderna. Se la concibe como un personaje individual, pero también como el nombre genérico de un tipo de monstruos (las lamias). A menudo se la asocia con figuras similares de la cultura griega (Empusa) o hebrea (Lilith). En el folclore neohelénico, vasco y búlgaro encontramos tradiciones sobre lamias, herederas de la tradición clásica. Su nombre helenizado proviene de "Lamyros" ("glotón").

Lamia era una princesa Libia; sus hijos fueron masacrados por Hera, la esposa de Zeus. Desde aquel momento Lamia es un espíritu vengativo de forma a veces humana, a veces mitad reptil. Se alimenta de infantes, incita a los hombres en orgías interminables y luego los devora. Producto de estos excesos, Lamia tiene una descendencia macabra: los Lamiae. Lampriere, en su exquisito (aunque a veces inexacto) diccionario, afirma que los lamiae son adquiridos por los griegos de un mito africano, donde unos niños siniestros con agradables voces se acercan a jugar con otros jóvenes para luego devorarlos. Estos, siempre según Lampriere, serían luego conocidos cómo Lemures.

En Grecia las lamias eran conocidas por atacar especialmente por la noche; podían consumir tanto la carne como los huesos de sus desafortunadas víctimas, aunque tenían especial predilección por la sangre de los bebés.

En la mitología vasca, las lamias son genios mitológicos a menudo descritos con pies de ave, cola de pescado o garras de algún tipo de ave. Casi siempre femeninos, de una extraordinaria belleza, moran en los ríos y las fuentes, donde acostumbran a peinar sus largas cabelleras con codiciados peines de oro. Suelen ser amables y la única forma de enfurecerlas es robarles sus peines. Se cuenta también que han ayudado a los hombres en la construcción de dólmenes, cromlech y puentes.
A veces se enamoran de los mortales, pero no pueden casarse con ellos, pues no pueden pisar tierra consagrada. En ocasiones tienen hijos con ellos. En otras leyendas son mitad humanos y mitad peces. Otras dicen que no son más que la diosa Mari.
Cuenta una leyenda que una vez una mujer le robó el peine de oro a una lamia y ésta, enfurecida, trató de maldecirla, pero no lo logró, puesto que sonó la campana de la iglesia y eso la salvó.


Dos clásicos de la demonología, Ulrico Molitor (de Lamiis et pythonicis mulieribus,1489) y Jean de Wier (Lamiis líber,1577) se han ocupado extensamente de este personaje fabuloso, casi siempre mencionado en plural, aunque con los típicos prejuicios de su época, asociándola a la brujería y viendo en su imagen una suma de todos los aspectos negativos de la femineidad.
Enajenada desde los orígenes del mito, a causa de una injusta venganza (la divina Hera, celosa de sus amores con su marido Zeus, mató a casi todos los hijos que ella había concebido con el dios, la única que logró escapar a la venganza fué Escila). Lamia y sus pares se cebaron desde entonces en los niños ajenos y en sus padres; vampirizando a los pequeños y seduciendo hasta la demencia a los adultos, en represalia por sus hijos perdidos y por despecho hacia la deidad que la gozó en el lecho, pero que no se dignó a defenderla de la cólera celeste.
Se la conocía también bajo el nombre de Anatha, y una de sus curiosas habilidades consistía en poder quitarse los ojos a voluntad, incluso llegó a ayudar a varios héroes prestándoles sus globos oculares.
Bajo el nombre de Empusa adquirió, ya entre los romanos, la característica central con la que su sombra ha llegado hasta nosotros. Es la enemiga por antonomasia del género masculino, al que hace responsable del mal trato y de la discriminación que en general padecen las mujeres.
Conocida como "La devoradora de hombres", ya que su leyenda la acusa literalmente de comérselos, luego de cautivarlos con una belleza que nunca otorga lo que promete, y de atraerlos para consumar sus propósitos a lugares desiertos. La moderna simbología ha querido ver en ésta singular demonia el arquetipo del temor ancestral de los varones ante el misterio de lo femenino, y también la famosa y explícita metáfora freudiana sobre la "vagina dentada". El etnólogo Leo Frobenius (mitologías del atlántico), y más tarde Carl Jung (transformaciones y símbolos de la libido), han glosado tales interpretaciones y la relacionan así mismo con el Lamio, pez abisal de los mares ibéricos, famoso por su voracidad.
El mito universal de la Vagina Dentata fue aprovechado por Freud para ilustrar sus teorías sobre el miedo a la castración y ha sido largamente reproducido en el mundo del arte y la literatura, especialmente por los decadentes europeos obsesionados con las múltiples reencarnaciones de la Femme Fatale como efecto secundario de la revolución industrial (un periodo, por cierto, maravillosamente recogido por Erika Bornay en "Las Hijas de Lilith", Cátedra, 1990). Se dice también que, durante la guerra de Vietnam, se extendió el rumor de que las prostitutas asiáticas guardaban cuchillas y cristales de afiladas puntas entre sus piernas para mutilar salvajemente a los soldados norteamericanos. Aunque bien puede ser una leyenda urbana ingeniada por el propio ejercito para mantener a sus hombres y sus partes nobles alejados de las exóticas muchachas de la región.
fuentes varias internet

jueves, 23 de julio de 2009

Hasta aquí

Fase final: se acabó!!!!

la venda de los ojos fuera

Me merezco mucho más
de lo que ese senyor va dando por ahí,
me merezco mucho más en general y he empezado a sacar la basura a la calle,
a apartarla de mi vida y mira, hoy le ha tocado, hala, que ya era hora

No volveré a ser un antojo de segunda categoría (al menos, siendo consciente de que lo soy)

Desintoxicación total

Lecturas cortas

No huía para estar solo.


No se escondía para estar aislado del resto del mundo.
No buscaba soledad.


No era cobarde.
Ni débil.


No.
Para nada.




A veces, las personas se retiran a esperar que la/s persona/s a la/s que le/s importa/n vaya/n a buscarlas. Lo malo (o bueno, según se quiera analizar) llega cuando la espera resulta ser en vano.


La espera nunca tiene sentido si nadie decide ir a su rescate...
Srta.Marta, 2009

miércoles, 22 de julio de 2009

sintagma in blue


No escribes ya mi nombre,
pero sigue la noche persiguiendo lunas.

Y tú me niegas
una y mil veces me niegas,
piedra deshecha en ciega arena
de este reloj alado de olvido.

Un mar irremediable
de serenas fauces,
dulcísimo labio deseado,
se va llevando toda huella de mí
en los dedos mudos del náufrago.

(de Mares Online, Ed. Sial, 2008)

Lecturas cortas

Había llegado la hora.

Lo sabía.

Era evidente. Se había acostumbrado mal (le había acostumbrado mal) y ahora echaba todo eso en falta... demasiado y era en algún modo doloroso.

No lo quería y llevaba tiempo resistiéndose, pero ya no quedaba más remedio que aceptarlo.

Aquello que había sido ya no era y no le veía posible reparación.


-"Estas cosas no se pueden parchear",- pensó, para consolarse-"al final el roto sale otra vez y hace más daño".
Ahora tocaba pasar página.

Eso era lo difícil. Es lo que tiene engancharse a algo/alguien y a lo que nos hace sentir... el tiempo pasado ahora, se deshacía entre sus dedos...



Srta. Marta, 2009

martes, 21 de julio de 2009

Lo he "robao"...

(...) El día que hizo 12.987 desde que inició su maquiavélico y divertido plan, Henry Singular tuvo una revelación: ¿cómo saciaría su sed de relaciones sexuales si llegaba el momento en el que éstas se manifestasen? Estudió anatomía, cirugía, bioquímica y la conjugación del verbo “Retraer” y entonces comenzó a fabricar lo que él dio en llamar “La única mujer perfecta que me hará feliz y me dará placer oral cuando yo quiera”, abreviado, “Srta. Marta”.
La “Srta. Marta” era su proyecto más ambicioso, y a la par, su entretenimiento favorito: Henry también tenía la cualidad de entretenerse con cualquier cosa. La construyó en 14 días y 457 meses y su estupendo cuerpo comprendía un corazón enorme, dos bellísimos ojos, una vagina “constrictor”, unos pechos turgentes (y enormes), unas manos suaves y tersas, un pelo sedoso, una boca sensual y dulce, unas piernas de infarto y un cajoncito para guardar las llaves del coche. Intencionadamente, Henry la quiso no dotar del órgano más importante de todos, un cerebro en condiciones. Claro está, la “Srta. Marta” no sería jamás capaz de multiplicar 4 por 7, ni sabría nunca la capital de Tailandia, ni distinguiría en absoluto un alcornoque macho de su propio culo (que, ni que decir tiene, era respingón, provocativo y juguetón).
Todo eso parecía que a Henry no le importaba en medida alguna, siempre que ella no tuviera que practicarle una operación a corazón abierto. Tampoco podría hacerle nunca la declaración de la Renta, lo que ya le fastidiaba un poquito más. Henry se alegraba no obstante de haber erradicado el concepto “Rebajas”, ya que en su infinito aburrimiento intelectual, la “Srta. Marta” tampoco podría descargarse ejerciendo tan poco económica práctica.
Ante un ser tan perfecto, Henry no pudo más que proponerle matrimonio, al que ella aceptó: se casaron en abril, cuando hacía mejor tiempo, y al enlace asistieron todos los primos, tíos y amigos del novio. Por parte de la novia se pudo ver a un fox terrier con muy malas pulgas. Se gastaron una fortuna en el vídeo de boda y cortaron la tarta con la célebre navaja que Henry utilizó para matar a 4.678.499 mujeres. Sin duda, un acto simbólico en toda regla.
Al año de casados, ella ya era la dueña de la casa: no sólo realizaba las tareas que Henry Singular odiaba estando soltero (como fregar el baño, limpiar los platos y barrer el suelo), sino que también era capaz de cambiar bombillas, echar tabiques abajo, cronometrar carreras de cucarachas o descifrar códigos binarios encriptados en los bidones de detergente. En ese momento, justo en ese y no en otro, Henry se dio cuenta de que vivía con un autómata: nada diferenciaba a su mujer de una batidora, lo que le comenzaba a importunar. ¿Era esta la vida que él quería? ¿Era esto por lo que él tanto había luchado (y asesinado)?
Tomó una decisión: “Le daré un cerebro”, se dijo, “una mente para las matemáticas y unas ingles para el divertimento; es injusto para ella: es maravillosa la sensación de tenerla sometida, pero es triste ver como no puede articular ni una sola palabra sin llorar antes durante 46 minutos exactos de reloj”. Y así lo hizo: con dos folios tamaño DIN-A4, un escalpelo y el ojo de un sapo recién nacido, construyó un bulbo raquídeo en condiciones, listo para ser utilizado. A partir de ese momento, todo fue diferente: la alegría envolvía cada rincón de su casa, mantenían interesantísimas conversaciones sobre filosofía, escudriñaban con afán el intenso rencor que se profesaban ciertos filósofos, analizaban la pintura barroca en todas sus etapas y descubrieron que la música de Mozart y la de Amadeus guardaban misteriosas similitudes. Todo acabó siendo tan diferente, que ella le abandonó por un perito agrónomo de tercera generación que coleccionaba pelo de mapache en sobres americanos. Eso sí: desde que dispuso de un cerebro, nunca jamás se le resistió una raíz cuadrada.
Otra vez volvió Henry a sumirse en el desaliento del fracaso amoroso,pero esta vez,y gracias a su cualidad de aprender siempre algo de todo lo que le pasaba,con una importantísima lección asimilada:“Nunca podrás saber nada que no lo sepa antes una dama”.
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"cogido prestao" a Memorias de un hombre malo tras buscar mi propio nick en "gugle"

Lecturas cortas

Llega otra noche.

Hoy se siente muy sola en esa habitación, acurrucada en la cama entre las sábanas, a pesar de tener en la cama de al lado a otro ser humano y a su acompañante nocturno... a pesar de que en esa colmena de 600 habitaciones llenas de personas que le hacen ver la miseria del ser humano, del cuerpo...
- "¿por qué nos preocupamos de cosas estúpidas en vez de vivir la vida que nos queda?",-se pregunta,- "¿por qué damos la vuelta a esas cosas creyéndonos que seremos más felices, dejar de dar vueltas a problemas que probablemente no lo son y no nos dedicamos a disfrutar más? El ser humano es IDIOTA y encima no es que no lo sepa, es que lo niega (entre otros adjetivos, y aplícate el cuento, guapa..)".

Mira la fachada de enfrente a través de la ventana. La persiana no funciona, no baja...

La luz de esa ventana se enciende.
La luz de esa ventana se apaga.

Le invade el desasosiego, el miedo.

Necesita una purga, un laxante para expulsarlo.

Literal.

De momento, un Lexatin... y a dormir.

Srta.Marta, 2009

lunes, 20 de julio de 2009

Vampiro

No se hablaba en el país de otra cosa. ¡Y qué milagro! ¿Sucede todos los días que un setentón vaya al altar con una niña de quince? Así, al pie de la letra: quince y dos meses acababa de cumplir Inesiña, la sobrina del cura de Gondelle, cuando su propio tío, en la iglesia del santuario de Nuestra Señora del Plomo -distante tres leguas de Vilamorta- bendijo su unión con el señor don Fortunato Gayoso, de setenta y siete y medio, según rezaba su partida de bautismo.
La única exigencia de Inesiña había sido casarse en el santuario; era devota de aquella Virgen y usaba siempre el escapulario del Plomo, de franela blanca y seda azul. Y como el novio no podía, ¡qué había de poder, malpocadiño!, subir por su pie la escarpada cuesta que conduce al Plomo desde la carretera entre Cebre y Vilamorta, ni tampoco sostenerse a caballo, se discurrió que dos fornidos mocetones de Gondelle, hechos a cargar el enorme cestón de uvas en las vendimias, llevasen a don Fortunato a la silla de la reina hasta el templo. ¡Buen paso de risa!


Sin embargo, en los casinos, boticas y demás círculos, digámoslo así, de Vilamorta y Cebre, como también en los atrios y sacristías de las parroquiales, se hubo de convenir en que Gondelle cazaba muy largo, y en que a Inesiña le había caído el premio mayor.


¿Quién era, vamos a ver, Inesiña? Una chiquilla fresca, llena de vida, de ojos brillantes, de carrillos como rosas; pero qué demonio, ¡hay tantas así desde el Sil al Avieiro! En cambio, caudal como el de don Fortunato no se encuentra otro en toda la provincia. Él sería bien ganado o mal ganado, porque esos que vuelven del otro mundo con tantísimos miles de duros, sabe Dios qué historia ocultan entre las dos tapas de la maleta; solo que.... ¡pchs!, ¿quién se mete a investigar el origen de un fortunón? Los fortunones son como el buen tiempo: se disfrutan y no se preguntan sus causas.


Que el señor Gayoso se había traído un platal, constaba por referencias muy auténticas y fidedignas; solo en la sucursal del Banco de Auriabella dejaba depositados, esperando ocasión de invertirlos, cerca de dos millones de reales (en Cebre y Vilamorta se cuenta por reales aún). Cuantos pedazos de tierra se vendían en el país, sin regatear los compraba Gayoso; en la misma plaza de la Constitución de Vilamorta había adquirido un grupo de tres casas, derribándolas y alzando sobre los solares nuevo y suntuoso edificio.


-¿No le bastarían a ese viejo chocho siete pies de tierra? -preguntaban entre burlones e indignos los concurrentes al Casino.Júzguese lo que añadirían al difundirse la extraña noticia de la boda, y al saberse que don Fortunato, no sólo dotaba espléndidamente a la sobrina del cura, sino que la instituía heredera universal. Los berridos de los parientes, más o menos próximos, del ricachón, llegaron al cielo: hablóse de tribunales, de locura senil, de encierro en el manicomio. Mas como don Fortunato, aunque muy acabadito y hecho una pasa seca, conservaba íntegras sus facultades y discurría y gobernaba perfectamente, fue preciso dejarle, encomendando su castigo a su propia locura.


Lo que no se evitó fue la cencerrada monstruo. Ante la casa nueva, decorada y amueblada sin reparar en gastos, donde se habían recogido ya los esposos, juntáronse, armados de sartenes, cazos, trípodes, latas, cuernos y pitos, más de quinientos bárbaros. Alborotaron cuanto quisieron sin que nadie les pusiese coto; en el edificio no se entreabrió una ventana, no se filtró luz por las rendijas: cansados y desilusionados, los cencerreadores se retiraron a dormir ellos también. Aun cuando estaban conchavados para cencerrar una semana entera, es lo cierto que la noche de boda ya dejaron en paz a los cónyuges y en soledad la plaza.


Entre tanto, allá dentro de la hermosa mansión, abarrotada de ricos muebles y de cuanto pueden exigir la comodidad y el regalo, la novia creía soñar; por poco, y a sus solas, capaz se sentía de bailar de gusto. El temor, más instintivo que razonado, con que fue al altar de Nuestra Señora del Plomo, se había disipado ante los dulces y paternales razonamientos del anciano marido, el cual sólo pedía a la tierna esposa un poco de cariño y de calor, los incesantes cuidados que necesita la extrema vejez.


Ahora se explicaba Inesiña los reiterados «No tengas miedo, boba»; los «Cásate tranquila», de su tío el abad de Gondelle. Era un oficio piadoso, era un papel de enfermera y de hija el que le tocaba desempeñar por algún tiempo..., acaso por muy poco. La prueba de que seguiría siendo chiquilla, eran las dos muñecas enormes, vestidas de sedas y encajes, que encontró en su tocador, muy graves, con caras de tontas, sentadas en el confidente de raso. Allí no se concebía, ni en hipótesis, ni por soñación, que pudiesen venir otras criaturas más que aquellas de fina porcelana.


¡Asistir al viejecito! Vaya: eso sí que lo haría de muy buen grado Inés. Día y noche -la noche sobre todo, porque era cuando necesitaba a su lado, pegado a su cuerpo, un abrigo dulce- se comprometía a atenderle, a no abandonarle un minuto. ¡Pobre señor! ¡Era tan simpático y tenía ya tan metido el pie derecho en la sepultura! El corazón de Inesiña se conmovió: no habiendo conocido padre, se figuró que Dios le deparaba uno. Se portaría como hija, y aún más, porque las hijas no prestan cuidados tan íntimos, no ofrecen su calor juvenil, los tibios efluvios de su cuerpo; y en eso justamente creía don Fortunato encontrar algún remedio a la decrepitud.


«Lo que tengo es frío -repetía-, mucho frío, querida; la nieve de tantos años cuajada ya en las venas. Te he buscado como se busca el sol; me arrimo a ti como si me arrimase a la llama bienhechora en mitad del invierno. Acércate, échame los brazos; si no, tiritaré y me quedaré helado inmediatamente. Por Dios, abrígame; no te pido más».


Lo que se callaba el viejo, lo que se mantenía secreto entre él y el especialista curandero inglés a quien ya como en último recurso había consultado, era el convencimiento de que, puesta en contacto su ancianidad con la fresca primavera de Inesiña, se verificaría un misterioso trueque. Si las energías vitales de la muchacha, la flor de su robustez, su intacta provisión de fuerzas debían reanimar a don Fortunato, la decrepitud y el agotamiento de éste se comunicarían a aquélla, transmitidos por la mezcla y cambio de los alientos, recogiendo el anciano un aura viva, ardiente y pura y absorbiendo la doncella un vaho sepulcral. Sabía Gayoso que Inesiña era la víctima, la oveja traída al matadero; y con el feroz egoísmo de los últimos años de la existencia, en que todo se sacrifica al afán de prolongarla, aunque sólo sea horas, no sentía ni rastro de compasión.


Agarrábase a Inés, absorbiendo su respiración sana, su hálito perfumado, delicioso, preso en la urna de cristal de los blancos dientes; aquel era el postrer licor generoso, caro, que compraba y que bebía para sostenerse; y si creyese que haciendo una incisión en el cuello de la niña y chupando la sangre en la misma vena se remozaba, sentíase capaz de realizarlo. ¿No había pagado? Pues Inés era suya.


Grande fue el asombro de Vilamorta -mayor que el causado por la boda aún- cuando notaron que don Fortunato, a quien tenían pronosticada a los ocho días la sepultura, daba indicios de mejorar, hasta de rejuvenecerse. Ya salía a pie un ratito, apoyado primero en el brazo de su mujer, después en un bastón, a cada paso más derecho, con menos temblequeteo de piernas.


A los dos o tres meses de casado se permitió ir al casino, y al medio año, ¡oh maravilla!, jugó su partida de billar, quitándose la levita, hecho un hombre. Diríase que le soplaban la piel, que le inyectaban jugos: sus mejillas perdían las hondas arrugas, su cabeza se erguía, sus ojos no eran ya los muertos ojos que se sumen hacia el cráneo. Y el médico de Vilamorta, el célebre Tropiezo, repetía con una especie de cómico terror: -Mala rabia me coma si no tenemos aquí un centenario de esos de quienes hablan los periódicos.


El mismo Tropiezo hubo de asistir en su larga y lenta enfermedad a Inesiña, la cual murió -¡lástima de muchacha!- antes de cumplir los veinte. Consunción, fiebre hética, algo que expresaba del modo más significativo la ruina de un organismo que había regalado a otro su capital.Buen entierro y buen mausoleo no le faltaron a la sobrina del cura; pero don Fortunato busca novia. De esta vez, o se marcha del pueblo, o la cencerrada termina en quemarle la casa y sacarle arrastrando para matarle de una paliza tremenda. ¡Estas cosas no se toleran dos veces!


Y don Fortunato sonríe, mascando con los dientes postizos el rabo de un puro.


Emilia Pardo Bazán

Lecturas cortas

Vagaba por los pasillos vacíos
de manera silenciosa
como un fantasma

De repente
podías encontrarle
en un rincón

al sol
quieto
calentando cuerpo y alma...


Demasiado tiempo en la penumbra
Srta.Marta, 2009

domingo, 19 de julio de 2009

Lecturas cortas

Por más que lo buscaba, no lo encontraba. Una especie de ansiedad le invadía cuando se daba cuenta... Miró por todas partes de nuevo, pero la búsqueda fue en vano.
Habían secuestrado, robado, tomado, "algo" de su interior que no sabía muy bien qué era, y no era capaz de localizarlo, de saber qué faltaba, pero notaba que no estaba ahí... ¿cómo iba a denunciar que le habían quitado algo tan íntimo si ni siquiera sabía lo que era? Y era valioso... mucho...
Pero lo notaba, intuía ahí el vacío, el hueco que había dejado pero... ¿de qué? No era capaz de hilvanar sentimientos, sensaciones para poder dar forma a las palabras que lo describiesen.

Lo más curioso es que a estas alturas aún no sabía si quería recuperarlo o simplemente, que quien se lo había llevado dijese: "Aquí estoy, lo tengo, lo sabes y será para siempre mío" y de paso se llevase el resto... todo.

Y la única pista del ladrón era el rastro de humo de un cigarrillo tras de él... y le daba miedo seguirla en vano, sin certezas, sin seguridad...



-"Mecachis",- pensó,
"yo que me veía encendiendo sus cigarrillos"...


Srta. Marta, 2009

sábado, 18 de julio de 2009

¡La leche!














Arriba, publicidad y ¡viva el Photoshop!
Abajo algo más sencillo...

viernes, 17 de julio de 2009

Caballero, disculpe pero...


"No ande delante de mí, tal vez no le siga. No ande detrás de mi, tal vez no le sepa dirigir. Simplemente ande a mi lado y sea mi amigo".

-Camus-

Lecturas cortas


Le mareaban el alcohol y las sensaciones.

No sabía muy bien porqué lo había confesado, porqué había dicho todo tal y como lo sentía (o casi), no sabía si fue el alcohol o simplemente, el destino, que tenía que pasar... nunca lo sabrían.

Desde luego, al día siguiente, la resaca general de alcohol y sentimientos, fue grandiosa.


Srta. Marta, 2009

jueves, 16 de julio de 2009

Animales moribundos

Elegy es una adaptación al cine (2008) de la directora Isabel Coixet de la novela 'El animal moribundo' (2001) de Philip Roth, autor también de "la Mancha humana". En ella Roth retoma alguno de los temas recurrentes de sus novelas: la pulsión sexual, la confesión íntima y la decadencia física del cuerpo; sexo y muerte.

En el libro, el protagonista, David Kepesh, (Ben Kingsley en la película) a sus ochenta años y de manera retrospectiva, confiesa a un personaje desconocido una de sus últimas experiencias sentimentales: la que mantuvo con Consuelo Castillo, una joven cubana, casi cincuenta años más joven que él (Penélope Cruz en la película). Desde que la revolución de los sesenta lo liberó de sus ataduras familiares, Kepesh, profesor universitario, famoso periodista, un hombre seductor, inteligente y culto, ha vivido al margen de cualquier compromiso. Y tiene una rica fuente para sus conquistas dentro de sus propias clases. A las puertas de la vejez, la vitalidad y la hermosura de Consuelo enfrentarán al protagonista con el significado de su vida.

Pero con el tiempo los celos y el miedo a la pérdida lo traicionan y la pareja se distancia. Sin superar el tener que estar solo, sin ella, Kepesh se refugia en su profesión. Dos años después y tras afrontar la muerte de su mejor amigo (Dennis Hopper en la película), ella reaparece en su vida con una petición que hacerle y una noticia que, seguramente, va a cambiar sus vidas.

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La conocí hace ocho años. Asistía a mi clase. Ya no me dedico a la enseñanza a jornada completa y, en rigor, no enseño literatura en absoluto, sino que, desde hace varios años, doy una sola clase, un importante seminario de escritura crítica para estudiantes de último curso que se denomina Crítica Práctica. Atraigo a muchas alumnas, por dos razones: porque es una materia con una fascinante combinación de encanto intelectual y encanto periodístico, y por que me han escuchado en la NPR, donde hago crítica de libros, o me han visto en el Canal 13 hablando de temas culturales. La tarea que he realizado durante los últimos quince años como crítico cultural en el programa de televisión me ha dado una considerable fama local y por ese motivo les atrae mi clase. Al principio, no me daba cuenta de que salir en la tele una vez a la semana durante diez minutos podía ser tan impresionante como resulta serlo para estas alumnas. Pero la celebridad las atrae sin remedio, por muy insignificante que pueda ser la mía.
Ahora bien, como sabes, soy muy vulnerable a la belleza femenina. Cada uno está indefenso contra algo, y yo lo estoy en ese aspecto. Veo la belleza y me ciega para todo lo demás. Asisten a mi primera clase y sé casi de inmediato cuál de ellas es la chica apropiada para mí. Hay un relato de Mark Twain en el que éste huye de un toro y se esconde en la copa de un árbol; el toro alza los ojos para mirarle y piensa: «Usted es mi carne, señor». Pues bien, ese «señor» se transforma en «jovencita» cuando las veo en clase. Desde entonces han pasado ocho años; yo tenía ya sesenta y dos, y la chica, que se llama Consuelo Castillo, veinticuatro. No es como los demás alumnos de la clase, no parece una estudiante, por lo menos no parece una estudiante normal y corriente. No es una ado-lescente a medias, no es una de esas chicas que adoptan poses desgarbadas, de aspecto descuidado y que tienen continuamente latiguillos como «o sea» en la boca. Habla con propiedad, es seria, su postura es perfecta; parece saber algo de la vida adulta, junto con la manera de sentarse, permanecer en pie y caminar. En cuanto entras en la clase, te das cuenta de que esa chica o bien sabe más o desea saber más.

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¿No fue Yeats quien lo dijo? «Consume mi corazón; enfermo de deseo / Y atado a un animal moribundo / No sabe lo que es.» Yeats. Sí. «Prendido en esa música sensual», y así sucesivamente. Tocaba a Beethoven y me masturbaba. Tocaba a Mozart y me masturbaba. Tocaba a Haydn, Schumann, Schubert y me masturbaba con su imagen en la mente. Porque no podía olvidar sus senos, aquellos senos carnosos, los pezones y la manera en que me cubría la polla con los senos y me acariciaba así. Otro detalle. Un último detalle y me detendré. Me estoy poniendo un poco técnico, pero esto es importante. Esto era el toque que hacía de Consuelo una obra maestra de la volupté. Es una de las pocas mujeres que he conocido que se corre empujando la vulva hacia fuera, empujándola hacia fuera involuntariamente, como un cuerpo de bivalvo, blando, sin segmentar y burbujeante. La primera vez me tomó por sorpresa. Lo notas y sientes esa fauna de otro mundo, un ser marino. Como si estuviera relacionada con la ostra o el pulpo o el calamar, una criatura procedente de miles de metros bajo la superficie y de un tiempo remoto e incalculable. Normalmente ves la vagina y puedes abrirla con las manos, pero en el caso de Consuelo se abría por sí sola, el coño salía por sí mismo de su escondrijo. Los labios internos sobresalían, se hinchaban hacia fuera, y esa hinchazón sedosa y viscosa es muy excitante, estimulante tanto para el tacto como para la vista. El secreto arrobadamente expuesto. Schiele habría bebido los vientos por pintarlo. Picasso lo habría convertido en una guitarra.
Casi podías correrte al ver cómo se corría ella. Miraba hacia arriba y sólo le veías el blanco de los ojos, y eso también era algo digno de verse. Toda ella era digna de verse. Al margen de la agitación causada por los celos, al margen de la humillación y la incertidumbre interminables, siempre me enorgullecía lograr que se corriera. A veces ni siquiera te preocupas de si una mujer se corre o no: es algo que sucede, la mujer parece ocuparse de ello por sí misma y tú no tienes que responsabilizarte. Con otras mujeres no hay ningún problema; la situación es suficiente, hay bastante excitación y nunca se plantean dudas.
Pero en el caso de Consuelo, sí, la responsabilidad era indudablemente mía y siempre, siempre
era una cuestión de orgullo.

miércoles, 15 de julio de 2009

Muertos

Los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo

pero quizás necesitan
lluvia...

zapatos no
pero un lugar donde
caminar,

cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.

O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,

da
igual
los muertos no me necesitan
ni los
vivos
pero quizás los muertos se necesitan
unos a
otros

En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos y
necesitamos tanto

Si solo supiéramos
que
es...

probablemente
es
todo y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo o moriremos porque no
lo
conseguimos.

Espero que
cuando yo este muerto
comprendáis que conseguí
tanto
como
pude.

[Charles Bukowski

De The Roominghouse Madrigals: Early Selected Poems 1946-1966