martes, 16 de junio de 2009

Ven...


Ven, ¿lo oyes? El viento, murmurando en el alero, recorriendo los árboles desnudos. Cómo aúlla, casi musical, una armonía de antiguos gemidos. La casa parece respirar, una inválida. Deja el maratón de películas de terror; esto es mejor que la televisión. Deja las luces apagadas. El resplandor azul te sigue hasta la entrada. Asómate a la ventana de la habitación vacía, el frío se filtra a través del cristal. La luna está ascendiendo, atrapada por las ramas más superficiales. La imagen te cautiva, los oscuros troncos iluminados a contraluz, un rayo plateado recorre el suelo, como una señal. Es una novela de amor, una invitación a la locura (licantropía, un baile con el vampiro), elemental pero prohibida, tentadora, recordada en la sangre.

¿No te lo has preguntado nunca?
¿No quieres saberlo?
Ven entonces, ven con nosotros, fuera, en medio de la noche.


"Noche de difuntos", de Stewart O'Nan

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