viernes, 13 de marzo de 2009

La joven de la perla

o "cómo hacer que tu pareja se sienta traicionada sin necesidad de haberte tirado a la criada".


Hace poco me hice con el dvd de la película dirigida por Peter Webber, sin demasiado interés, era de esas que te dan por 1 € con el periódico y mi padre está haciendo la colección y hoy pude, no verla, sino disfrutarla como hacía tiempo no lo hacía con una peli.
Protagonizada por una Scarlett Johansson tan blanca que parece que pudiese relucir en la oscuridad y basada en la novela de Tracy Chevalier, cuenta la historia (¿supuesta?) del magnífico (hablo desde mi gusto y mi modesta opinión) cuadro “Girl with a pearl erring” de Johannes Vermeer. Siempre me ha gustado esa pintura.

La acción transcurre en Delft, en la Holanda de 1665. Griet (Scarlett Johansson) entra a servir como criada en casa del pintor Vermeer (un –para mi gusto- sorprendentemente atractivo Colin Firth, pero creo que es el papel lo que le hace así), el cual, trabaja, principalmente, por encargos de su -baboso- mecenas, Van Ruijven (Tom Wilkinson).


Ella se ve inmersa poco a poco en la actividad del pintor ya que su sensibilidad ante cosas que para el resto pasan desapercibidas hace que inicie una relación “íntima” con él, basada en la pintura. Llama la atención, por ejemplo, cuando la mujer del pintor ordena a Griet limpiar las ventanas del estudio de su marido. Griet, pregunta si debe hacerlo ya que podría “cambiar la luz”… la suegra de Vermeer, se da cuenta de “la relación tan particular e íntima” del pintor con la criada y la oculta a los ojos de su hija para favorecer que el pintor sea más prolífico en sus pinturas y así salvar la economía de la familia.
Esa relación “no carnal” se ve como una una infidelidad por parte del pintor hacia su bella mujer a la cual jamás ha retratado en uno de sus lienzos, con la que jamás ha compartido nada de eso (ella tampoco se habría interesado, o al menos lo he entendido así... por lo cual, digamos, "yo le disculpo").


Esa manera de compartir su arte con la criada, sus técnicas, servirle de inspiración y pintarla incluso… esa manera de mirarla, con ojos de pintor, nada de un deseo físico, sexual… y el uso de cierta joya... no es necesario que el pintor toque a la criada, no es algo sexual...


¿en realidad, hay mayor infidelidad?


Srta.Marta, 1 de marzo de 2009

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