viernes, 10 de abril de 2009

Sufrir por devoción

Arrodillado, su cara de sufrimiento ponía el pelo de punta. El esfuerzo era imponente, la devoción y la concentración en su rostro absolutas, la agonía de cada segundo; se arrastraba clavando las rodillas en el suelo, valiente, abnegado. Estaba ahí porque quería estar.

Sudor y lágrimas, cerraba los ojos con esa expresión en el rostro, la de estar a punto de no poder más y sin embargo, el deseo de continuar a pesar de todo, porque todo era por y para Su Señora...

Llegado a su destino y siguiendo las órdenes, comenzó a levantarse, poco a poco, sufriendo todavía un poco más, pasando lo más difícil.

El andero que portaba el trono de María del Dulce Nombre, ya erguido, con el anda sobre su hombro y la mano sobre el del compañero de delante, sonreía emocionado en su orgullo.

Un sufrimiento transformado en devoción, en una oración de 7 horas de duración portando el paso por las estrechas calles del Madrid de los Austrias.

Srta.Marta, 2009

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