domingo, 8 de noviembre de 2009

Las personas somos malas

Y las mujeres más. Gordas o flacas, da igual: hostiles con el resto del género femenino, somos nuestras peores enemigas.
Leyendo el blog "Yo la más gorda de todas" me acordé de cosas de las que me van pasando o voy viviendo aunque sea como mera espectadora a lo largo de la vida... conversaciones, ajenas o no a tí, que te hacen pensar lo crueles que somos los seres humanos con nuestros semejantes, gratuitamente además, y que casi siempre se debe a la propia baja autoestima e inseguridad... no nos gusta nuestra propia existencia y al parecer tenemos que joder la de los demás para ser un poquito menos infelices...


*Situación 1: entro a un bar, tengo dentista y llego sobrada de tiempo. Dos mujeres, delgadas, una en la cuarentena y otra más joven charlan. Me pongo cerca, distancia prudencial y se quedan calladas. Yo, a lo mío. Me pido mi café. Continúan la conversación pero algo me dice que la misma ha tomado otro camino desde mi entrada...
-Flaca 1, cuarentona: -”Has visto a fulanita? -su conocida, no yo-… con lo guapa que es y que pena lo joven que es, lo gorda que está”.

-Flaca 2: -”uy sí, es una pena, pero yo creo que no está como ésta no?” (ahora sí habla de mí y debe creer que por ser gorda también debo ser sorda… e idiota…).
En ese momento me dan ganas de decirle que lo mío y lo de la tal fulanita, seguramente con esfuerzo, aprendizaje, más o menos, o con alguna medicación, se quita, y si no se quita, pues nada, pero que lo suyo, difícilmente... el reparto de cerebros no les fue favorable, desde luego y de momento, eso, no lo arreglan...


*Situación 2: subo al autobús. Pico mi billete. El autobusero ya es un habitual, un chico grandote, no gordo, pero desde luego de delgado nada que cuando le he visto de pie en alguna ocasión he podido comprobarlo. Me siento justo detrás. Va hablando con una señora de unos 50 y pico que está sentada al lado, rubia de bote, pelo corto bastante mal cortado (soy hija de una estupenda peluquera, sé de lo que hablo). Me fijo en ella porque al pasar a su lado me ha pegado un repaso de arriba a abajo que he flipado, girando incluso la cabeza hasta que he puesto el culo en el asiento. Incluso me he mirado a mí misma a ver si llevaba algo raro...
-Señora gorda rubia: -”anda que la fulanita no veas cómo se ha puesto desde que se ha casado…” (se habrá mirado ella en el espejo? claro, dirá que usa la talla 40… embutida en ella cual morcilla de Burgos, que como respire un poco hondo, revienta las costuras).
-Conductor bus: -”sí, como el marido (entiendo por la charla que otro conductor de la misma empresa), que ya no coge en el asiento”.

Tengo que reprimirme para no levantarme y decirle eso, que si ella se mira en el espejo por la mañana o cuando va a comprarse ropa pero de repente pienso: "joder, que envidia de autoestima"... pero qué va... es que no hay más ciego que el que no quiere ver y vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, está claro...

5 comentarios:

Caos dijo...

Esa es la triste verdad.
No es por su baja autoestima, al contrario, es su inflado ego el que les hace maltratar a las personas que les rodean.
Eres hermosa, no hace falta mirar mucho para saberlo.

Caos dijo...

p.d. la campana que suena en tu blog me aterroriza, cada vez que la oigo me doy la vuelta pensando que la muerte se asoma.

YA viene...

Srta.Marta dijo...

jajajajaja, pues la campana, yo la tengo real, auténtica japonesa, en mi casa... no lo había pensado, jajajajajaja

vidimus dijo...

Creer en la bondad de la gente es una temeridad. Nos falta mucha educación y mucho camino por recorrer como personas para que aprendamos a vivir nuestras vidas, respetar la de los demás y a los demás.

papillon{LR} dijo...

Ante la estupidez humana tan solo tengo dos cosas que decirte.
Paciencia e ignorarlos.
Mientras...
Un Beso y una Flor para una chica preciosa.

papillon