lunes, 15 de marzo de 2010

Lecturas cortas


Se estremecía algo en su interior cuando miraba el cuadro... pero jamás le sucedía con otras versiones... sólo con la cautiva Andrómeda, de Gustave Doré.
¿Porqué no la de Lempicka, o la de Tiziano, o la de Rembrandt...?.
Srta. Marta

domingo, 14 de marzo de 2010

Instantes

¿Temes lo que pueda traerte el mañana?
No te adhieras a nada,
no interroges a los libros ni a tu prójimo.

Ten confianza; de otro modo, el infortunio
no dejará de justificar tus aprehensiones.

No te preocupes por el ayer:
ha pasado...

No te angusties por el mañana:
aún no llega...


Vive, pues, sin nostalgia ni esperanza:
tu unica posesión es el instante.

Omar Khayyam

sábado, 13 de marzo de 2010

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La uniformidad es la muerte;
la diversidad es la vida.


Mijail Bakunin (1814-1876), revolucionario ruso.
 
L@s gord@s también tenemos derecho a la vida... y a estar como nos de la gana mientras estemos sanos

viernes, 12 de marzo de 2010

Ahora lo entiendo...

No sé cual es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.



Bill Cosby (nacido en 1937), actor, cómico, educador y productor de televisión estadounidense.

jueves, 11 de marzo de 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

La mujer del velo

Cierta vez, George fue a un bar sueco que le agradaba, y se sentó en una mesa, dispuesto a pasar una velada de ocio. En la mesa inmediata descubrió una pareja muy elegante y distinguida, el hombre vestido con exquisita corrección y la mujer toda de negro, con un velo que cubría su espléndido rostro y sus alhajas de colores brillantes. Ambos le sonrieron. Apenas se hablaban, como si se conocieran tanto que no tuvieran necesidad de palabras. Los tres contemplaban la actividad del bar –parejas bebiendo juntas, una mujer bebiendo sola, un hombre en busca de aventuras– y los tres parecían estar pensando en lo mismo.
Al cabo de un rato, el hombre atildado inició una conversación con George, que no desperdició la oportunidad de poder observAñadir imagenar a la mujer a sus anchas. La encontró aún más bella de lo que le había parecido. Pero en el momento en que esperaba que ella se sumara a la conversación, dijo a su compañero unas pocas palabras, que George no pudo captar, sonrió y se marchó. George se quedó alicaído: se había esfumado el placer de aquella noche. Por añadidura sólo tenía unos pocos dólares y no podía invitar al hombre a beber con él, para descubrir, quizá, algo más acerca de la mujer. Para su sorpresa, fue el hombre quien se volvió hacia él y dijo:
–¿Le importaría tomarse una copa conmigo?
George aceptó. Su conversación pasó de sus experiencias en materia de hoteles en el sur de Francia al reconocimiento por parte de George de que andaba muy mal de fondos. La respuesta del hombre dio a entender que resultaba sumamente fácil conseguir dinero. No aclaró cómo e hizo que George confesara un poco más.
George tenía en común con muchos hombres un defecto: cuando estaba de buen humor le gustaba contar sus hazañas. Y así lo hizo, empleando un lenguaje enrevesado. Insinuó que tan pronto ponía un pie en la calle se le presentaba alguna aventura, y afirmó que nunca andaba escaso de mujeres ni de noches interesantes. Su compañero sonreía y escuchaba.
Cuando George hubo terminado de hablar, el hombre dijo:
–Eso era lo que yo esperaba de usted desde el momento en que lo vi. Es usted el hombre que estoy buscando. Me encuentro con un problema tremendamente delicado. Algo único. Ignoro si ha tratado mucho con mujeres difíciles y neuróticas. Pero a juzgar por lo que me ha contado diría que no. Yo sí que he tenido relaciones con esa clase de mujeres. Tal vez las atraigo. En este momento me encuentro en una situación complicada y no sé cómo salir de ella. Necesito su ayuda. Dice usted que le hace falta dinero. Bien, pues yo puedo sugerirle una manera más bien agradable de conseguirlo. Escúcheme con atención: hay una mujer rica y bellísima; en realidad, perfecta. Podría ser amada con devoción por quien ella quisiera y podría casarse con quien se le antojara. Pero por cierto perverso accidente de su naturaleza, sólo gusta de lo desconocido.
–¡A todo el mundo le gusta lo desconocido! –objetó George, pensando inmediatamente en viajes, en encuentros inesperados, en situaciones nuevas.
–No, no en ese sentido. Ella siente interés sólo por hombres a los que nunca haya visto y a los que nunca vuelva a ver. Por un hombre así hace cualquier cosa.
George rabiaba por preguntar si aquella mujer era la que había estado sentada a la mesa con ellos. Pero no se atrevía. El hombre parecía más bien molesto por tener que contar aquella historia pero, al mismo tiempo, parecía sentir un extraño impulso a hacerlo.
–Debo velar por la felicidad de esa mujer –continuó–. Lo daría todo por ella. He dedicado mi vida a satisfacer sus caprichos.
–Comprendo –dijo George–. Yo sería capaz de sentir lo mismo.
–Ahora –concluyó el elegante desconocido–, si usted quiere venir conmigo, quizá pueda resolver sus dificultades financieras por una semana y, de paso, satisfacer su deseo de aventuras.
George se ruborizó de placer. Abandonaron juntos el bar. El hombre llamó un taxi y dio a George cincuenta dólares. Dijo que tenía que vendarle los ojos para que no viera la casa ni la calle a la que iban, puesto que nunca debía repetirse aquella experiencia.
George se hallaba presa de la mayor curiosidad, con visiones obsesivas de la mujer que había conocido en el bar, evocando a cada momento su espléndida boca y sus ojos brillantes tras el velo. Lo que le había gustado en particular era el cabello; le agradaba el cabello espeso que gravitaba sobre el rostro como una graciosa carga, olorosa y rica. Era una de sus pasiones.
El trayecto no fue muy largo. Se sometió de buen grado a todo el misterio. Para no llamar la atención del conductor ni del portero, la venda le fue retirada de los ojos antes de apearse del taxi, pero el desconocido había previsto astutamente que el fulgor de las luces de la entrada cegaría a George por completo. No pudo ver nada, salvo luces brillantes y espejos.
Fue conducido a uno de los interiores más suntuosos que había visto en su vida, todo blanco y con espejos, plantas exóticas, exquisito mobiliario tapizado de damasco, y una alfombra tan blanda que no se oían sus pisadas. Se le condujo por una habitación tras otra, todas de tonos distintos, con espejos, de tal modo que perdió por completo el sentido de la perspectiva. Por fin llegaron al último cuarto, George enmudeció por la sorpresa. Estaba en un dormitorio con una cama con dosel, puesta sobre un estrado. Había pieles por el suelo, vaporosas y blancas cortinas en las ventanas, y espejos, más espejos. Le satisfacía poder producir tantas repeticiones de sí mismo,
infinitas reproducciones de un hombre apuesto a quien el misterio de la situación había conferido un fulgor de expectación y viveza que nunca había conocido. ¿Qué significaba aquello? No tuvo tiempo de preguntárselo.

La mujer del bar entró en la habitación, y nada más aparecer, el hombre que había conducido a George a aquel lugar se desvaneció. Se había cambiado de vestido. Llevaba una llamativa túnica de raso que dejaba al descubierto sus hombros y quedaba sostenida por un volante fruncido. George experimentó el deseo de que, a un gesto suyo, el vestido cayera, se deslizara como una reluciente vaina y dejara aparecer su piel brillante, luminosa y tan suave al tacto como el raso. Tuvo que contenerse. Aún no podía creer que aquella hermosa mujer estuviera ofreciéndose a él, un completo extraño. Llegó a sentirse tímido. ¿Qué esperaba de él? ¿Cuál era su propósito? ¿Acaso tenía un deseo insatisfecho? Disponía de una sola noche para ofrecerle todos sus dones de amante. Nunca volvería a verla. ¿Daría tal vez con el secreto de su naturaleza y la poseería en más de una ocasión? Se preguntaba cuántos habrían ido a aquella habitación. Era extraordinariamente hermosa, con algo de raso y terciopelo en su persona. Sus ojos eran obscuros y húmedos, su boca refulgía, su piel reflejaba la luz. Su cuerpo, perfectamente proporcionado, combinaba las líneas incisivas de una mujer delgada y una provocativa madurez.
Tenía cintura estrecha, lo que realzaba la prominencia de sus senos. Su espalda era la de una bailarina, y cada ondulación ponía de manifiesto la opulencia de sus caderas. Sonreía. Su boca, entreabierta, era delicada y plena.

George se le acercó y apoyó sus labios en aquellos hombros desnudos. Nada podía ser más suave que su piel. ¡Qué tentación de tirar del frágil vestido desde esos hombros y dejar al descubierto los pechos, tensos bajo el raso! ¡Qué tentación de desnudarla inmediatamente! Pero George sintió que aquella mujer no podía ser tratada de manera tan sumaria, que requería sutileza y habilidad. Nunca había meditado tanto cada uno de sus gestos, nunca les había conferido tanto sentido artístico. Parecía decidido a un largo asedio, y como ella no daba señales de urgencia, se demoró sobre los hombros desnudos, inhalando el tenue y maravilloso olor que desprendía aquel cuerpo.
Hubiera podido tomarla allí y en aquel momento, tan poderoso era el encanto que exhalaba, pero primero quería que ella hiciera una señal, que se mostrara activa, y no blanda y flexible como la cera bajo sus dedos. La mujer parecía sorprendentemente fría y dócil, como si no sintiera nada. No había un solo estremecimiento en su piel; su boca se había abierto, dispuesta a besar, pero no respondía.

Permanecieron de pie junto a la cama, sin hablar. George recorrió con sus manos las satinadas curvas de aquel cuerpo, como para familiarizarse con él. Ella se mantuvo inmóvil. A medida que la besaba y la acariciaba, George se dejó caer lentamente de rodillas. Sus dedos advirtieron la desnudez bajo el vestido. La condujo a la cama; ella se sentó. George le quitó las zapatillas y le sostuvo los pies entre sus manos. Le sonrió, cariñosa e invitadora. El le besó los pies, y sus manos se introdujeron bajo los pliegues del largo vestido y remontaron las suaves piernas hasta los muslos. Abandonó sus pies a las manos de George, que ahora los mantenía apretados contra su pecho, mientras sus manos acariciaban las piernas. Si la piel era fina en ellas, ¿qué no sería cerca del sexo, donde siempre es más suave? Pero ella tenía los muslos apretados, y George no pudo continuar su exploración. Se puso en pie y se inclinó para besarla. Ella se recostó y, al echarse hacia atrás, sus piernas se abrieron ligeramente.
George le paseó las manos por todo el cuerpo, como para inflamar hasta el último rincón con su contacto, acariciándola de nuevo desde los hombros hasta los pies antes de intentar deslizar la mano entre sus piernas, que se abrieron un poco más, hasta permitirle llegar muy cerca del sexo.
Los besos de George revolvieron el cabello de la mujer; su vestido había resbalado de los hombros y descubría en parte los senos. Se lo acabó de bajar con la boca, revelando los pechos que esperaba: tentadores, turgentes y de la mas fina piel, con pezones rosados como los de una adolescente.

Su complacencia le incitó casi a hacerle daño para excitarla de alguna forma. Las caricias le afectaban a él, pero no a ella. El dedo de George halló un sexo frío y suave, obediente, pero sin vibraciones. George empezó a creer que el misterio de aquella mujer radicaba en su incapacidad para ser excitada. Pero no era posible. Su cuerpo prometía tanta sensualidad; la piel era tan sensible, tan plena su boca. Era imposible que no pudiera gozar.


Ahora la acariciaba sin pausa, como en sueños, como si no tuviera prisa, aguardando a que la llama prendiera en ella. Los espejos que los rodeaban repetían la imagen de la mujer yacente, con el vestido caído de sus pechos, sus hermosos pies descalzos colgando de la cama y sus piernas ligeramente separadas bajo la ropa. Tenía que arrancarle el vestido del todo, acostarse en la cama con ella y sentir su cuerpo entero contra el suyo. Empezó a tirar del vestido y ella le ayudó. Su cuerpo emergió como el de Venus surgiendo del mar. La levantó para que pudiera tenderse por completo en el lecho y no dejó de besar todos los rincones de su piel. Entonces sucedió algo extraño. Cuando se inclinó para regalar sus ojos con la belleza de aquel sexo y su color sonrosado, ella se estremeció, y George casi gritó de alegría.
–Quítate la ropa –murmuró ella.
Se desvistió. Desnudo, sabía cuál era su poder. Se sentía mejor desnudo que vestido, pues había sido atleta, nadador, excursionista y escalador. Supo que podía gustarle. Ella le miró. ¿Se sentía complacida? Cuando se inclinó sobre ella, ¿se mostró más receptiva? No podía afirmarlo. Ahora la deseaba tanto que no podía aguardar más, quería tocarla con el extremo de su sexo, pero ella le detuvo. Antes quería besar y acariciar aquel miembro. Se entregó a la tarea con tal entusiasmo, que George se encontró con sus nalgas junto a la cara y en condiciones de besarla y acariciarla a placer.
George fue presa del deseo de explorar y tocar todos los rincones de aquel cuerpo. Separó la abertura del sexo con dos dedos y regaló sus ojos con el fulgor de la piel, el delicado fluir de la miel y el vello rizándose en torno a sus dedos. Su boca se tornó cada vez más ávida, como si se hubiera convertido en un órgano sexual autónomo capaz de gozar tanto de la mujer que si hubiera continuado lamiendo su carne hubiera alcanzado un placer absolutamente desconocido.
Cuando la mordió, experimentando una sensación deliciosa, notó de nuevo que a ella la recorría un estremecimiento de placer. La apartó de su miembro a la fuerza por miedo a que pudiera obtener todo el placer limitándose a besarlo y a quedarse sin penetrarla. Era como si el gusto de la carne los volviera a ambos hambrientos. Y ahora sus bocas se mezclaban, buscándose las inquietas lenguas. La sangre de la mujer ardía. Por fin, la lentitud de George parecía haber conseguido algo. Sus ojos brillaban intensamente y su boca no podía abandonar el cuerpo de su compañero. Entonces la tomó, pues se le ofrecía abriéndose la vulva con sus adorables dedos, como si ya no pudiera esperar más. Aun entonces suspendieron su placer, y ella sintió a George con absoluta calma. Pero al momento señaló el espejo y dijo riendo:
–Mira, parece como si no estuviéramos haciendo el amor; como si yo estuviera sentada en tus rodillas, y tú, bribón, has estado todo el tiempo dentro de mí, e incluso te estremeces. ¡Ah, no puedo soportar más esta ficción de que no tengo nada dentro! Me está ardiendo. ¡Muévete ya, muévete!
Se arrojó sobre él, de modo que pudiera girar en torno al miembro erecto, y de esta danza erótica obtuvo un placer que la hizo gritar. Al mismo tiempo, un relámpago de éxtasis estallaba en el cuerpo de George. Pese a la intensidad de su amor, cuando George se marchó ella no le preguntó su nombre ni le pidió que volviera. Le dio un ligero beso en sus labios, casi doloridos, y le despidió. Durante meses, el recuerdo de aquella noche le obsesionó y no pudo repetir la experiencia con ninguna otra mujer.
Un día se encontró con un amigo que acababa de cobrar unos artículos y lo invitó a beber. Contó a George la increíble historia de una escena de la que había sido testigo. Estaba gastándose pródigamente el dinero en un bar, cuando un hombre muy distinguido se le acercó y le sugirió un agradable pasatiempo: observar una magnífica escena de amor, y como el amigo de George era un voyeur redomado, aceptó la sugerencia inmediatamente. Fue conducido a una misteriosa casa, a un apartamento suntuoso, y recluido en una habitación obscura desde donde pudo contemplar cómo una ninfómana hacía el amor con un hombre especialmente dotado y potente.
A George le dio un vuelco el corazón.
–Descríbeme a esa mujer –pidió.
El amigo describió a la mujer con la que George había hecho el amor, incluido el vestido de raso. Describió también la cama con dosel, los espejos: todo. El amigo de George había pagado cien dólares por el espectáculo, pero había valido la pena y había durado horas.
¡Pobre George! Durante meses prescindió de las mujeres. No podía creer tamaña perfidia, tamaña farsa. Le obsesionaba la idea de que las que lo invitaban a sus apartamentos tenían escondido tras una cortina algún espectador.

Anaïs Nin

martes, 9 de marzo de 2010

El lado oscuro del corazón

película de 1992, de Eliseo Subiela, con guión basado en los poemas de Benedetti, Gelman y Girondo

"Llorar a lágrima viva", de Oliverio Girondo

"Táctica y estrategia", de Mario Benedetti

"Yo no sabía", de Juan Gelman

lunes, 8 de marzo de 2010

Frases

de Rafael Martínez-Simancas (de su "gué")


"Si te pones a sumar agravios, no podrás restar rencores"

"España: el lugar perfecto para instalar el acelerador de melancolías"

"Lo malo no es tener una idea, sino el miedo que te da perderla"

"Cada tarde que pasa se pliega la luz y el día cabe en un cajón oscuro"

"Las mesas cojas provocan marejadas en la sopa"

"Conocí un pájaro que tenía miedo a volar y se pasó a ratón con alas"

"Cuando no hay vuelta atrás todo lo demás es hacia delante"

"Tan inútil como regalarle zapatos de tacón a una sirena"

"Me tragué una vocal y tuve hipo de diptongo"

"Anoche tuve un sueño, lo perseguí, ¡y lo ronqué!"

domingo, 7 de marzo de 2010

Cartas de amor, pero sin dirección...

ni de esas escribo ya...



Hoy te escribo esta carta porque siempre te quejabas de que nunca te enviaba cartas de amor.
Decías que era frío, que era todo indiferente y buscaste un continente para entregar tu calor.
Tal vez tu ONG se pueda ocupar de resucitar a hombres que siguen vivos.

Las cartas que no envías sólo son cartas marcadas, te regalan una mano pero nunca un corazón.
Mi casa está pidiendo una mano de pintura y algún punto de sutura para hacer punto final.
Y si estás en un país del África Central busca pronto un hechicero que me enseñe a olvidar.

Cartas de amor cuando ya no hay amor.
Cartas de amor, pero sin dirección.

Mi hospital de campaña, mi amuleto de la suerte, una firme barricada... lo eras todo para mí,
pero hay cosas en la vida que son mucho más reales que los ojos que las miran.
Dime que fui para ti. Dime que fui para ti. Dime si en algún momento me llegaste a querer.

Cartas de amor cuando ya no hay amor.
Cartas de amor, pero sin dirección.

Mikel Erentxum, sept. 2006,
album "El corredor de la suerte"

sábado, 6 de marzo de 2010

Catadora

Muy amplio en boca, bien estructurado, con una entrada sedosa pero muy consistente; seguida de una evolución grasa, equilibrada, compleja de un denso y persistente cuerpo que nos revela su distinguido, personal y elegante bouquet, para dejar un largo, persistente y amargo postgusto.

Color rosado con tonos morados, azulados y algunos destellos rojizos. En nariz una intensa complejidad aromática (ahumados, vainillas, mantequilla, etc.).
En boca tiene un ataque amplio, sabroso y caliente, es redondo, untuoso. Elegante, equilibrado. Persistente. Final largo y profundo, definiéndose las impresiones fundamentalmente en la zona anterior.
Srta.Marta, 2009

viernes, 5 de marzo de 2010

"Horroróscopo" Egipcio


HIJOS DE ATUM

Del 16 de mayo al 15 de junio

Planeta: Mercurio
Símbolo: Autum
Palabra de poder: Yo pienso

Simbología: Cuenta con una potencia inigualable, derivada de los cinco elementos que contiene dentro de sí mismo. Simboliza la comprensión y la sabiduría.

Características:
1. Es el más curioso del zodíaco, se concentra en lo que le interesa, alejándose del mundo. Nada lo distrae. (MENTIRAAAAAAAAAAAAAAA)
2. Algunos han tenido una vida bohemia en su juventud, se burlan de lo convencional y les gusta dar rienda suelta a sus impulsos.
3. Ama la libertad y desea vivir en un cambio constante ya que se aburre con facilidad de la gente, pero podrá llegar a ser muy dependiente de lo que admire.
4. El amor llegará a su vida primero a la mente y después a su corazón.

Planeta regente: Es mercurio, el regente de las comunicaciones y el intelecto, el cual le dará habilidades para expresar sus ideas.

Objetivo de vida: Fue hecho para dedicarse a estudiar, aprender, escribir y comunicar. La misión más importante en su vida es recibir y dar información.

Cualidades: Hay que darle apoyo espiritual siempre que lo necesite porque él haría el doble por alguien cercano. Jamás se da por vencido y siempre está dispuesto a comenzar de nuevo. Su mente concibe ideas y soluciones que nadie hubiera pensado.

Defectos: Puede influir sobre los demás de manera compasiva y sensible, pero también puede ser obstinado, irracional y egoísta.

Misión para evolucionar: Necesita dominar la impaciencia, la ansiedad y el nerviosismo. Deberá ser más perseverante y menos influenciable. Tendrá que evitar involucrarse en chismes y discusiones.

jueves, 4 de marzo de 2010

ay que me da...

PERLAS MISOGINAS
.
La mujer moderna ha traicionado la condición de su sexo y se desvía de la función que le ha encomendado la Naturaleza, siendo principal culpable de la crisis por que atraviesa el matrimonio. Vemos a la mujer moderna entregada a los deportes, al alcohol, al tabaco, a fantasías literarias o artísticas, al juego de naipes, a la crítica cinematográfica doméstica, a cualesquiera ocupaciones menos la de acunar bebés. Las muñecas y juguetes similares yacen arrinconados mientras la nena monta en bicicleta, boxea con compañeros y compañeras o participa en el equipo de fútbol. ( Antonio Vallejo Nájera).

Los niños tienen juegos diferentes a los de las niñas. Si ya en esta edad observamos tendencia constante de un niño hacia las muñecas y los costureros, y de una niña para las escopetas y los sables; si vemos que el niño copia con complacencia las faenas del ama de casa y que la niña imita la profesión del padre, podemos estar seguros de que se trata de niños anormales, que necesitan ser tratados por un pediatra. Por lo que se relaciona con la elección profesional, los niños elegirán, desde pequeños, una ocupación masculina, mientras que las niñas querrán ser maestras, modistas, amas de casa. ( Rafael Ramos)

No haga la mujer gala de sus conocimientos si es que posee una formación intelectual mejor que la del esposo. Al hombre le gusta sentirse siempre superior a la mujer que ha elegido como compañera. ( Matilde Ruiz García)

Las muchachas deberán rehuir aquellos ejercicios cuya práctica, como la del ciclismo y la equitación, puede producir irritaciones genitales, que, en algunos casos, podrían ser el origen de excitaciones eróticas. ( José P. Oliveras, médico)

Si vuestro marido sale alguna noche y, por casualidad, está a punto de cruzar la puerta sin deciros adónde va, no os creáis autorizadas a exigirle que os diga lo que va a hacer. ( Doctor Canot).

Una mujer no leerá nunca una novela sin sentir en mayor o menor grado la idea de vivirla. Y esto basta para condenar por adelantado esas producciones literarias, aque siempre despiertan sensaciones dormidas, y que si no pueden hacer mal, no os harán tampoco ningún bien. ( José Baeteman).

Los hombres son, en general, más exactos y coordinados para los movimientos; pero las mujeres los sobrepasan en escribir y en habilidades manuales. Los hombres están mejor dotados para matemáticas, para la técnica y el dibujo, el contrario, las mujeres se interesan más por los idiomas extranjeros y por la lengua materna; pero la profesión de escritor corresponde más al hombre.( Consejo de Publicaciones de editorial Magisterio español)

Toda mujer bien nacida siempre será pasiva y débil, no empresarial o agresiva. Buscará el amor y la protección a su debilidad e inestabilidad interior, y lo encontrará en el hombre y en el hogar, no en la fábrica o en el bufete. Su vida será el agradar y hacer féliz, sacrificarse y acorger, dulce y espiritual...es decir,, ser mujer y ser madre: ahí está lo natural y lo divino, la felicidad y el destino de la mujer. Desviarla es desequilibrarla. ( Alberto Torres, Jesuíta, Para ella y ellos, 1963).

Yo no sé a qué será debido, pero he de consignar un hecho que no se me podrá negar: y es el de que la proporción de mujeres con título universitario que n o se casa es muy superior al de las que lo hacen sin poseer título académico. ¿ Será porque pierden su feminidad? ¿ Porque las mujeres sabias asustan a los hombres...que no lo son?. ( Federico Corominas, médico, Vida Conyugal y sexual, 1964.)

La mujer necesita servir a alguien, y si no las tiene a mano, va en busca de necesidades que satisfacer. En el servicio cordial y amoroso encuentra su gloria.
El juicio, que es siempre dualidad y sistancia entre dos términos, no es propio de la mujer, tan unitaria; ella no ha nacido para razonar o analizar; esto es la gloria y estigma del hombre. Los dos ( José María Cabodevilla, sacerdote, Hombre y mujer, 1960.)

Las mujeres muy sensuales suelen ser poco maternales, poco femeninas. Así pues, la frigidez sexual femenina no es causa de esterilidad. Las primeras buscan al hombre, las segundas a los hijos; mientras que en el varón la erección y eyaculación son imprescindibles para la concepción, en la mujer no se requiere, para que ésta ocurra, el orgasmo.

( Antonio Box Cospedal, médico, Higiene sexual expuesta a los adultos ilustrados, 1948).

miércoles, 3 de marzo de 2010

Secretarias "modelo"

evidentemente, es coña lo de "modelo", pero ciertamente una fantasía recurrente... (tanto masculina como femenina eh)

martes, 2 de marzo de 2010

Lecturas cortas


En aquella habitación el tiempo se paraba.
Literal.

Curiosamente, todos los relojes que ponía en el dormitorio, tanto colgados en la pared como en la mesita de noche, terminaban parándose al poco tiempo, no duraban ni una semana funcionando. De repente, su tic tac dejaba de sonar... sin más.
Y no eran las pilas.

Entonces... ¿qué pasaba allí? Estaba por llamar a Iker Jiménez...


Srta. Marta, 2009

lunes, 1 de marzo de 2010

Burlesque











El burlesque consiste, esencialmente, en espectáculos de striptease en los que la ropa interior estilo retro y los peinados que evocan a grandes divas como Betty Page son los protagonistas. También, en plan más cercano, es un show teatral, una especie de número de cabaré en el que el señor con bombín y bigotito presenta a la diva entrada en carnes (que tiene más gracia que belleza) y mezcla el humor con lo picante. (fuente)

El burlesque se compone de vaudeville, music hall, teatro, cabaret... sazonado con interpretaciones un tanto picantes (fuente).

domingo, 28 de febrero de 2010

Es de lógica

¿Por qué hay que llevar las gafas puestas o a mano...?

sábado, 27 de febrero de 2010

Plus Size







Olga Gonzalez-Ramos
NY, New York
United States
37 años

viernes, 26 de febrero de 2010

Libros


(...)
Entonces dijo: «Si eso te provoca un orgasmo lo haré.»
(...)
En ese entonces asociaba aquel inconfesado pensamiento con la incomparable excitación que me produjo su respuesta y le contesté: «Hazlo.»


Ella sólo quería estar desnuda
Capítulo IV
Los manuscritos de Mara
Andrés Urrutia

jueves, 25 de febrero de 2010

Lecturas cortas


Anestesiada.

Sentía que su vida había pasado bajo los efectos de algún tipo de sedante, de anestesia general y que esos recuerdos de vivencias "extraordinarias" en realidad no eran más que sueños, alucinaciones producidas por el fármaco.

Y quería despertar de ese letargo infinito.

Empezaba a sentir que todo se transformaba en una eterna pesadilla.


Srta. Marta, oct 2009

miércoles, 24 de febrero de 2010

Pensando en tí


Las comparaciones son fáciles de hacer
una vez que has probado la perfección
Como una manzana colgando de un árbol
tomo la más madura, aún tengo la semilla

Tú dices, sigue adelante, pero, ¿a dónde voy?
Creo que lo mejor es lo único que conozco

Porque cuando estoy con él estoy pensando en ti, pensando en ti
Qué puedo hacer si
tú eras el único con el que pasaba la noche
Oh, desearía estar mirándote a los ojos

Eres como un verano de San Juan en medio del invierno
como un caramelo amargo con una sorpresa en el centro
¿Cómo puedo estar mejor si ya he tenido una vez lo mejor?
Dices que hay muchos peces en el mar
así que probaré las aguas

Él besó mis labios, yo saboreaba tu boca
Él se me acercó, yo estaba discutiendo conmigo misma

Porque cuando estoy con él estoy pensando en ti, pensando en ti
Qué puedo hacer si
tú eras el único con el que pasaba la noche
Oh, desearía estar mirándote a los ojos

Lo mejor y, oh, cómo me arrepiento
¿Cómo pude haberte dejado ir?
y ahora, ahora he aprendido la lección
Jugué con fuego y me quemé
Oh, creo que deberías saberlo

Porque cuando estoy con él estoy pensando en ti, pensando en ti
Qué puedo hacer si
tú eras el único con el que pasaba la noche
Oh, desearía estar mirándote a los ojos
¿No vendrás y derribarás la puerta
y me llevarás lejos?
No más errores
porque en tus ojos me gustaría quedarme
(nota: yo no estoy pensando en nadie, que conste, me gusta la estética del video,
antigua que es una y me pareció curioso poner la letra "traducida")